El desconcierto cuando hablamos de criptomonedas

Cada tanto, podemos leer en redes sociales a algún afligido criptousuario que relata la siguiente historia: en una reunión familiar o de amigos, menciona ese tema que tanto le apasiona –las criptomonedas- y buena parte de las veces enfrenta miradas de sorpresa, desconcierto o bien algún “corregidor” de turno, le suelta el discurso aleccionador acerca del modelo ponzi, la estafa de los quesitos y de las consecuencias de no tomar los recaudos necesarios. Puede llegar incluso a enfrentarse a la expresión de quien mira un poco aterrado a un prófugo de algún centro de recuperación psiquiátrica.

Cuenta la leyenda (hecho, por lo tanto, incomprobable pero útil al tema en cuestión) que cuando las calaveras de Colón se acercaban por primera vez a la isla de Guanahaní, los nativos no lograban verlas desde la orilla, aunque sí podían observar un inusual movimiento en la marea. No porque aquellas no fueran todavía visibles sino porque hasta ese día jamás habían visto la figura de una gran embarcación y por lo tanto se trataba de un objeto que su red neuronal no lograba procesar. La primera persona que logró verlas luego de observar por varios días aquello que generaba las extrañas ondas marinas fue el chamán de la tribu; y él fue el encargado de dar a los otros miembros el llamado “toque chamánico” es decir, inducirlos a un nuevo estado de conciencia donde sí eran capaces de reconocer ese nuevo elemento del paisaje.

Hal Finney, uno de los primeros testigos de la publicación del aún “proyecto Bitcoin”, relata que cuando este fue presentado por Satoshi Nakamoto, obtuvo más bien una fría y escéptica recepción de parte de los integrantes de la lista de correo cypherpunk (¿y puede haber otra manera de estar más cerca del concepto de cambio e innovación que el asociado a la criptografía cypherpunk?). Apenas Hal Finney y unos pocos más leyeron el documento con atención, vislumbrando con claridad la real dimensión del hallazgo. Hal Finney fue además uno de los primeros en descargar el software y convertirse en un minero de BTC (bitcoin) y el primero en recibir una transacción de bitcoin (10 en total), nada menos que del propio Satoshi.

Si un grupo de criptógrafos cyphepunk recibieron con escepticismo al propio Satoshi Nakamoto, ¿Es posible esperar algo diferente en la reacción natural de un abuelo con ahorros en el banco, una tía que acaba de sacar la cuenta RUT, el compañero de juergas de oficina o la vecina del piso de abajo que hace mermeladas?

No obstante, poco a poco hemos avanzado en familiarizarnos con el cautivante mundo de las criptomonedas. Las miradas han ido mutando del desconcierto a una incipiente curiosidad, donde cada vez más personas desean saber de qué se trata todo este asunto, como una tribu que observa los nuevos movimientos en el mar y se decide por fin a salir en la búsqueda del toque “chamánico”.

Y aunque este nuevo paradigma pareciese cada tanto fragilizarse ante una prensa que amasa titulares para que la gente lea “prohibición” donde dice “regulación”, o ante los trágicos anuncios de los “rostros” de la economía mundial, que a sabiendas del peso de sus decires, bajan los precios para espantar a los comunes -y quedarse una vez más con el botín-, quien se haya sumergido sólo un poco más profundamente en el tema, sabe que las criptomonedas -y toda la cultura tecnológica que la define y la sostiene- vinieron para quedarse.

No hay vuelta atrás. A riesgo de convertirnos en una estatua de sal.

Publicado por primera vez en Reflejo Global, X-M Magazine

Mujeres en la Blockchain

Mujeres en la Blockchain

Soy profesora y editora de libros físicos y digitales. Leo y aprendo sobre tecnología blockchain y desarrollo contenidos vinculados al tema.

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